lunes, 6 de octubre de 2008

HAY QUE ESTAR DE PIE

Bueno la anterior crónica del Juvenil, comente que no había que poner excusas que no fueran las del equipo para justificar una derrota, no es bueno que un entrenador esconda sus vergüenzas detrás de las excusas, bueno pues no lo haré, no hablare del nefasto y lamentable arbitraje que sufrimos, y no pondré como excusa el posible primer gol que encajamos en fuera de juego, ni tampoco pondré de excusa los dos penaltys que no se pitaron a nuestro favor, uno de ellos incluso debió ser expulsión por la patada sin balón, tan clara que a los cinco minutos tuve que retirar al jugador con el tobillo echo un puré, ni tampoco pondré de excusa que por lo menos dos jugadores de ellos tenían que estar expulsados en la primera parte uno de ellos por una agresión sin balón tan clara como la gran cantidad de sangre que manaba del jugador por la nariz, ni tampoco pondré de excusa que mis jugadores recibían tarjeta por dar entradas por detrás pero el rival tenia carta blanca para hacer estas entradas sin recibir tarjeta,ni tampoco pondré como excusa lo fácil que es dejar a un equipo mas de media hora con diez sin titubear, o el gran desfase en fueras de juego que recibió un equipo y el otro teniendo al mismo linier como protagonista, no pondré estas excusas con un arbitro que nos pito dos veces hace dos años, y la primera vez paro el partido hasta que no viniera la policía porque alguien tiro una colilla al campo a unos 20 metros de el, y se fue escoltado por la policía con una gran sonrisa maliciosa, por su puesto que no voy a justificar con estos argumentos la derrota, ni tampoco pondré de excusa a la suerte que se tiene o no y esta claro en estos partidos por donde anda la suerte, muy cerca del equipo desde luego que no por lo tanto no pondré excusas, por cierto ante un rival de lo mejorcito que se ha visto, pero que por muchos momentos fuimos superiores a ellos.
Comentare que el primer gol que encajamos, dignifica claramente en la totalidad de la jugada nuestra temporada hasta ahora, si se analiza bien el gol, se podría hacer un paralelismo de los que nos esta pasando esta temporada.
Los pequeños grandes detalles nos están matando, que nuestras virtudes no las potenciamos pero si en cambio nuestros defectos, el abusar del individualismo, del poco apoyo al compañero con balón, de los repliegues lentos, de no movernos bien sin balón, tenemos muchas dificultades cuando no tenemos el balón, de no dar buenos pases a corta distancia y de no controlar los balones bien, de no elegir mejor nuestras acciones de ataque, y sobre todo de no jugar mas fácil, hay ciertas manías y ciertos tiks que hay que abolir, pero a pesar de todo lo expuesto, vamos mejorando en nuestro juego, pero la ansiedad que tenemos encima nos hace que el echo de encajar un gol sea un mundo y que imconpensiblemente nos hundamos, cuando se repite una y otra vez que debemos tener mas ambición y confianza en lo que hacemos, debemos tener mas capacidad de recuperación a los golpes morales.
El equipo va creciendo y vamos avanzando pero a pasitos de bebe, pero ahora falta dar pasos de hombres.
Debemos mantenernos de pie ahora no vale tirar la toalla ni autoflajelarse ni estar hundidos.
Hay que ganar mas consistencia defensiva sobre todo a base de concentración, hay que tener mas pegada arriba, hay que subir el nivel de los pases cortos y de los controles, dejarnos de unos contra unos innecesarios y jugar mas fácil, si conseguimos esto a corto plazo iremos ganando consistencia como equipo e iremos avanzando.
Hay que mantener la calma,hay que sumar y no restar, hay que estar unidos mas que nunca y sobre todo paciencia, quiero decir también que si este equipo jugara en preferente ahora, con este juego y al nivel ofrecido hasta ahora estaríamos entre los de arriba, eso sirve para los chavales para hacerles entender que no lo están haciendo tan mal como marca los resultados, por supuesto que debemos mejorar y mucho, y que llegara el premio, pero que hay que corregir para estar en esta categoría, que con lo ofrecido hasta ahora no nos vale, y que no solo con palabras y trabajo saldremos adelante que debemos exigirnos mas a nosotros mismos.

viernes, 3 de octubre de 2008

EL ÁRBITRO

El árbitro es arbitrario por definición. Éste es el abo-minable tirano que ejerce su dictadura sin oposición posi-ble y el ampuloso verdugo que ejecuta su poder absolu-to con gestos de ópera. Silbato en boca, el árbitro soplalos vientos de la fatalidad del destino y otorga o anulalos goles. Tarjeta en mano, alza los colores de la conde-nación: el amarillo, que castiga al pecador y lo obliga alarrepentimiento, y el rojo, que lo arroja al exilio.Los jueces de línea, que ayudan pero no mandan,miran de afuera. Sólo el árbitro entra al campo de juego;y con toda razón se persigna al entrar, no bien se asomaante la multitud que ruge.
Su trabajo consiste en hacerse odiar. Única unanimi-dad del fútbol: todos lo odian. Lo silban siempre, jamáslo aplauden. Nadie corre más que él. Él es el único queestá obligado a correr todo el tiempo. Todo el tiempo ga-lopa, deslomándose como un caballo, este intruso quejadea sin descanso entre los veintidós jugadores; y enrecompensa de tanto sacrificio, la multitud aúlla exigien-do su cabeza. Desde el principio hasta el fin de cadapartido, sudando a mares, el árbitro está obligado a per-seguir la blanca pelota que va y viene entre los pies aje-nos. Es evidente que le encantaría jugar con ella, perojamás esa gracia le ha sido otorgada. Cuando la pelota,por accidente, le golpea el cuerpo, todo el público recuer-da a su madre. Y sin embargo, con tal de estar ahí, en elsagrado espacio verde donde la pelota rueda y vuela, élaguanta insultos, abucheos, pedradas y maldiciones.A veces, raras veces, alguna decisión del arbitro coin-cide con la voluntad del hincha, pero ni así consigueprobar su inocencia. Los derrotados pierden por él y losvictoriosos ganan a pesar de él. Coartada de todos loserrores, explicación de todas las desgracias. Los hinchastendrían que inventarlo si él no existiera. Cuánto más loodian, más lo necesitan.
Durante más de un siglo, el árbitro vistió de luto. ¿Porquién? Por él. Ahora disimula con colores.
Eduardo Galeano, escritor uruguayo

jueves, 2 de octubre de 2008

FÚTBOL, LA GUERRA O LA FIESTA (6 y final)

Antes de cada partido, en cada Copa del Mundo, los jugadores escuchan y tararean sus himnos patrios. Por regla general, salvo algunas excepciones, los himnos los invitan a matar y a morir. Esos cánticos marciales profieren terribles amenazas, convocan a la guerra, insultan a los extranjeros y exhortan a hacerlos picadillo o con gloria sucumbir en heroicos baños de sangre.
Ya vamos para el campeonato mundial número dieciocho. A lo largo de los Mundiales se ha visto que no faltan los jugadores dispuestos a actuar como obedientes soldados, siempre dispuestos a castigar con feroces patadas a los enemigos de la patria, y sobre todo a los que cometen la imperdonable ofensa de jugar lindamente. Pero, la verdad sea dicha, la gran mayoría de los jugadores no ha hecho caso a las órdenes que sus himnos imparten, ni a los delirios épicos de ciertos periodistas que compiten con los himnos, ni a las instrucciones carniceras de algunos dirigentes y directores técnicos, ni a los clamores guerreros de unos cuantos energúmenos en las gradas.
Ojalá los jugadores, o al menos la mayoría de los jugadores, se sigan haciendo los sordos en el Mundial que viene. Y que no se confundan a la hora de elegir entre la guerra o la fiesta.
Eduardo Galeano, escritor uruguayo

FÚTBOL, LA GUERRA O LA FIESTA (5/6)

En Medellín, una de las ciudades más violentas del mundo, nació y se desarrolló el proyecto "Fútbol por la paz", que durante algún tiempo funcionó con milagroso éxito. Mientras duró, demostró que no era imposible cambiar balazos por pelotazos.
El fútbol resultó ser el único lenguaje alternativo para las bandas armadas de los diversos barrios, acostumbradas a dialogar a tiros. Jugando al fútbol, los enemigos empezaron a conocerse entre sí, al principio de muy mala manera y en cada partido un poquito mejor. Y los muchachos empezaron a aprender que la guerra no es el único modo de vida posible.
Eduardo Galeano, escritor uruguayo

miércoles, 1 de octubre de 2008

LA CUCHARA DE TOTTI


Mo je faccio er cucchiaio", dijo Totti. Y a Maldini le sonó tan raro como a cualquier lector español. Luego, cuando el tótem milanista tradujo mentalmente del romanesco al italiano, la cosa le sonó aún más marciana. En aquellas circunstancias, lo último que podía uno esperarse era un cucchiaio del romano más castizo desde Alberto Sordi. Maldini se quedó lívido.

Era el 29 de junio de 2000 y la semifinal Italia-Holanda del Europeo acababa de terminar en empate. Se jugaba en Holanda y los italianos, encerrados en el círculo central, hablaban de quién tiraba los penaltis. Di Biagio fue el primero en reconocer que la cosa imponía. "Francesco, yo tengo miedo", dijo. Y Francesco Totti, en su romanesco cerrado: "A quién se lo dices. ¿Has visto lo grande que es aquél?", resopló, señalando al portero Van der Saar. Di Biagio: "Pues sí que me animas". Entonces llegó la frase inmortal: "Nun te preoccupá, mo je faccio er cucchiaio". O sea, "no te preocupes, yo le hago la cuchara".

El gran jefe Maldini tenía la oreja puesta y al cabo de unos segundos, cuando comprendió, se dirigió con gran alarma hacia Totti. "¿Pero estás loco? Estamos en una semifinal del Europeo". Pero Totti ya tenía la idea clavada en el entrecejo: "Sí, sí, le hago la cuchara".

"Er cucchiaio", "la cuchara", es la marca de fábrica del mejor futbolista italiano. Un toque suave, por debajo del balón, que eleva la trayectoria unos metros y luego la deposita en el suelo, dentro de la portería. Una de esas jugadas caprichosas que pueden hacerse cuando se gana por mucho y queda muy poco partido. Una burla amable al contrario y un guiño al público. Una broma, algo que no se hace en el momento más crucial del año. Lo que pasa es que Totti es Totti. El capitán del Roma tendría poco de qué hablar con Einstein, pero la inconsciencia le da a su juego el toque de locura y genio de los grandes idiotas del fútbol: Totti forma parte de la dinastía de Garrincha, Best, Gascoigne, Cassano. Con la ventaja de no ser cojo, ni alcohólico, ni paranoico.

Cuando le tocó lanzar a Francé Totti, caminó hacia el punto de lanzamiento, miró a aquel portero holandés tan grande, se aproximó al cuero y lo acarició en el vientre. El balón partió en cámara lenta, como un globo de feria, hacia el centro del marco. Van der Saar, en cámara rápida, se había lanzado ya hacia un costado. Y el penalti entró como un suspiro, dulce, desmayado, con la miel de un beso y el ritmo preciso de un buen chiste.

Totti publicará el año próximo un manual de fútbol que se titulará, cómo no, "Mo je faccio er cucchiaio". Será su tercera obra, tras las memorables Los chistes sobre Totti contados por mí mismo y Los nuevos chistes sobre Totti contados por mí mismo. No los escribe él, pobrecito, pero en este caso no importa, porque los beneficios (una millonada) se destinan a beneficencia. Totti es, seguramente, el futbolista que más dinero ha aportado a obras de caridad, el que ha visitado más asilos y hospitales y el que más ha hecho por su ciudad.
 
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